Crisis de mano de obra en Estados Unidos


El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca viene marcado por dos grandes líneas de actuación: guerra arancelaria, y la ofensiva contra la inmigración. La primera busca reforzar el papel hegemónico de Estados Unidos respecto al resto del mundo, aunque sea a costa de abrir un frente de consecuencias económicas impredecibles. La segunda, complacer a un electorado al que se ha ganado con su retórica populista contra la población extranjera, con nulo o escaso estudio de su impacto económico, y sin explicar la verdad a la población, incidir, deportar, castigar a los que delinquen o se dedican a actividades ilícitas.

Ninguna de las dos estrategias es nueva: Trump ya las aplicó en su primera legislatura, entre 2016 y 2020, y su sucesor, Joe Biden, también la esgrimió. Eso sí, ahora el republicano promete convertirlas en una ofensiva sin precedentes. Pero el escenario actual es muy diferente al de hace cinco años y el ‘veto’ a la mano de obra migrante amenaza con provocar un ‘agujero’ inédito en el empleo y hundir la competitividad laboral de la primera economía del mundo. De hecho, en la agricultura y la ganadería, ya empieza a ocurrir.

El principal cambio que pretende traer Trump con respecto a la administración anterior es el impulso a las deportaciones. En su discurso de investidura, volvió a insistir en que «devolver a millones y millones de extranjeros criminales a sus lugares de origen» era un elemento central de su política de inmigración.

«La inmigración ha representado alrededor de cuatro quintas partes del crecimiento de la oferta laboral estadounidense en los últimos años y ha sido una razón clave por la que el crecimiento económico se ha mantenido relativamente boyante, incluso cuando la Reserva Federal ha elevado los tipos de interés a máximos generacionales para reducir la inflación», pone sobre la mesa Neil Shearing, economista de la casa de análisis británica en un informe en el que avisa del efecto que puede tener esta restricción de la inmigración, en el mercado laboral y en el conjunto de la economía. «Si la pandemia nos ha enseñado algo es que el ajuste a los nuevos equilibrios rara vez es fluido y es probable que los sectores que dependen en gran medida de la mano de obra migrante (construcción, agricultura, ocio y hostelería) se enfrenten a un aumento de los costes que probablemente se refleje en precios más altos. En conjunto, las medidas migratorias que se están barajando representarían un golpe estanflacionario potencialmente significativo para la economía estadounidense».

La falta de mano de obra, aumentará los costes laborales. La economía estadounidense siempre han mantenido un estrecho pulso con las de la Unión Europea. En el Viejo Continente también se produjo un sobrecalentamiento de los empleos y la inflación, en el pasado, a raíz de la pandemia del COVID, aunque en su caso la evolución ha sido más compleja por el impacto de la guerra de Ucrania en los precios. Un efecto que, en los últimos tiempos permitió a Estados Unidos plantar cara a Europa, que también desacelera los costes, pero de una manera más volátil y permeable a los vaivenes del ciclo. Esta tendencia puede darse la vuelta con el plan de Trump y provocar que Europa tome la delantera en una variable clave para la competitividad. America FIRST, but China and Europe are running faster.

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